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“La literatura me permite expresar toda mi furia”Diario Expreso

Por Sixto Sarmiento

A veces es necesario acercarse a la ciencia ficción para plasmar la realidad. ¿El mundo al revés, cierto?

Es algo que tiene que ver con la percepción de la realidad que en psiquiatría podría llamarse: “trastorno de la percepción invertida o inclinada” o una forma de ver al revés; pero también tiene que ver con técnicas literarias y cómo se plantea uno escribir una novela, cómo hacer que la realidad se acerque a la ficción y viceversa. Algo que roza también la patafísica de Alfred Jarry, los físicos barrocos y los antinovelistas y las antinovelas que vienen desde muy atrás; por ejemplo, el libro de Charles Sorel titulado Le Berger extravagant, El pastor extravagante, publicado en 1633 y cuya llamada era justamente “Antinovela” y otros autores que se suman a Pablo Palacio, Claude Simon, Nathalie Sarraute, Alain Robbe-Grillet, Julio Cortázar, Uwe Johnson, o Rayner Heppenstall. Pero, claro, una cosa es la realidad al revés y otra, muy diferente, la novela o el que mediante un artilugio nos introduce un “error” que pasa por acierto. En otras palabras, una cosa es “Patas arriba: la escuela del mundo al revés”, de Eduardo Galeano y otra, en la otra orilla, es La Montaña Mágica de Thomas Mann (que muchos ubican dentro de las “novelas de aprendizaje” o “novelas de tiempo”).

Revolución Caliente es una novela entretenida, fuera de cánones “oficiales”. ¿Por qué ser un transgresor de las normas a través de tu novela?

Debe ser una corriente dentro de los escritores que van contra las normas: William Burroughs escribía cómo se drogaba, Gregory Corso robaba autos y algo de eso se filtraba en su escritura. Jean Genet era un delincuente que escribía en el papel higiénico de un penal y por una casualidad esos textos llegan a manos de Sartre y este ayuda a sacarlo. Aquí mismo, Vargas Llosa con su Casa Verde no era precisamente un cultor de las buenas costumbres y ni qué decir de autores del simbolismo francés que eran lo que podría llamarse “degenerados”. En tanto eso, yo soy un escritor clásico que, como dice Javier Cercas: “Expresar mi furia en la literatura me permite no andar quemando contenedores”.

¿Es la autobiografía de un petardista?

Revolución Caliente es una novela, o sea, una ficción, una historia que se ubica entre una realidad concreta que es en los años ochenta y noventa y que mediante una ucronía, algo pasa, algo que no ocurrió, pero que las leyes dentro de la novela ameritan y lo hacen posible: una revuelta anarquista. No son “Los Diez Días que Estremecieron al Mundo” de John Reed y que el autor vivió en la caída del imperio zarista y documentó casi como un diario. Esta RC es una historia de un Perú paralelo más que petardista, petardeado por su propia historia, la corrupción, la “democracia”, la política al servicio del poder, la insensibilidad (por decir lo menos) de los grupos de poder y un largo etcétera que presionan sobre el poblador común y corriente y lo enajenan. RC ha querido distanciarse de eso y luchar contra esa enajenación.

¿La anarquía es tu credo?

Soy ecléctico y holístico (aunque no me gusta esta palabra) y trato de recoger lo mejor de los dogmas para construir una visión política e ideológica de las cosas. Claro, para la construcción de este libro he tenido que reestudiar las corrientes anarquistas desde la antigüedad hasta las muy actuales con Zerzan, un filósofo lavaplatos y anarcoindividualista que plantea el retorno del primitivismo postmecano industrial como una forma de hallar la felicidad negada en una sociedad como esta. Y en el que también están Fredy Perlman, Derrick Jensen y el matemático Theodore Kaczynski, hoy con prisión perpetua por atentar contra los millonarios en USA. Y pasando, cómo no, por Manuel González Prada.

A veces cuando recurres a la sátira transfieres tu propio yo al lector, ¿es así?

La sátira es un arma poderosa para desarmar a cualquier rival. No tanto así la risa involuntaria. O la Risa (con mayúscula) de la que hablaba el filósofo Henri Bergson que es aquella espuma que se nos escapa de las manos cuando intentamos aprehenderla. Pero siempre hay una transmutación de los personajes y el autor. Cuánto de Zavalita es MVLL o cuánto de Horacio Oliveira es Julio Cortázar. Eso solo lo debería saber el autor. Aunque yo no soy precisamente alguien que use la sátira constantemente, de hecho son ingredientes que fluyen y que podrían dar una imagen distorsionada del autor. Hay y no hay visión de espejo y transferencias. El Patito Feo era una transferencia de Hans Christian Andersen, pero el Ulises, de Joyce, no es precisamente eso.

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2021-03-18 08:42:42

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