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El mundo de Fernando Barrial y sus malabares de amorDiario Expreso

POR CÉSAR ANGLAS RABINES

Fernando Barrial Juscamaita (Lima, 1979) es sinónimo de sensibilidad y ternura. En él convergen muchos talentos: historietista, ilustrador, artista plástico, actor de teatro. Tiene predilección por los cuentos de hadas urbanos y campestres, como si hubiera conversado con Bruno Bettelheim, el psiquiatra que estudió los trastornos de los niños que habían sufrido en los campos de concentración alemanes, y por otra parte maneja los símbolos con gran acierto y belleza, como si hubiera sido amigo de Carl Jung, el hombre que estudió los sueños.

Para muestra, basta un botón: el sol que remata la lámpara con la que Fernando se autorretrata, en su mesa de dibujo. Y no se trata de un sol cualquiera, sino que es un sol incaico, de los ojos rectangulares, indescifrables, cuya boca sonríe, al final del rostro, amigable y cercana, en un perfecto balance sincretista. Después de sus volúmenes Tiempo Final (2015) y Miedo Ambiente (2017), donde ilustra a página completa potentes situaciones de abuso humano del planeta, nos ofrece esta tercera entrega, donde relata historias de su personaje, el payasito Fhermín.

“SIEMPRE CONTIGO”

Fernando Barrial coincide con Bruno Bettelheim como si hubieran llegado a las mismas conclusiones. El primer bloque de historias lleva por título “Siempre contigo”, que es muy parecido a la idea concisa y final del psiquiatra vienés cuando vio los trastornos por desamparo de los niños, cuyo bálsamo se concentraba en una frase parecida: “nunca te abandonaré”. Ante el drama que corre por sus viñetas, el payasito Fhermín se erige como la ayuda, vestida de todo sacrificio, y después de mil peripecias, el final feliz. Hombres y animales son socorridos, incluso él mismo, cuando al final del día se encuentra solo, abrazándose a sí mismo.

DEFENSA DE LA NATURALEZA

Los temas ecológicos son su segundo puntal. Sabe colocar el color verde, contrastando con el amarillo seco y desértico de la costa limeña, que simboliza la escasez de alegría. Las lágrimas que riegan la flor, remata una de sus historias. Y si no hay lluvia, pues hay que danzar para llamarla, bailando sobre las nubes, pues también hay eventos sobrenaturales cuando la situación lo requiere. En eso también roza los cuentos de hadas, donde existe fantasía, superación, huida y alivio. Fernando tiene una clara intención de reparar algo que se ha quebrado.

LECTURA SIN LETRAS

La lectura se ofrece a través de los dibujos, pues casi no hay letras. Aquí cabe hacer una precisión. La lectura es un proceso de decodificación de imágenes, se pueden leer rostros, dibujos, letras. Si se mira con detenimiento, la letra es un dibujo. El trabajo de Barrial recuerda de inmediato al libro ilustrado La Ola, de Suzy Lee. El curso de sus historias es sencillo, lineal. El tiempo, actual. Su dibujo es con trazos curvos, de colores llamativos, como si estuviéramos dentro de un circo.

Aunque Fernando no lo supiera, su payasito tiene similitud con su colega, Plim Plim, un héroe del corazón, una serie de animación argentina inspirada en una canción popular de origen anónimo, que dio el gran salto cuando Disney Latino produjo una nueva versión de la serie animada. Sin embargo, hay diferencias. Plim Plim habla y canta, Fhermín es mudo; Plim Plim es para niños pequeños (3-5 años), mientras que Fhermín es para niños mayores, y va de la mano con el hecho de que Plim Plim es un niño, mientras que Fhermín, si bien es cierto se ve pequeñito en el dibujo, no deja de ser un adulto, y por sus ojotas, trae a la memoria el mundo andino y su animismo.

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2021-03-26 10:01:41

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