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Historias para no salir de casa en cuarentenaDiario Expreso

POR CARLOS MUÑOZ

Cuarentena. Historias para no salir de casa (Lima: Ed. Altazor, 2020) es un gesto solidario de un grupo de escritores amigos convocados por Willy del Pozo, para todo aquel que quiera pasar un buen rato sin desentenderse del mundo. Un mundo interconectado que idolatra el efectismo de la novedad y la cultura minimalista del eslogan. Un mundo masacrado por el coronavirus, con extrapolaciones que migran off-line hacia nuestra condición humana: fugacidad de la vida, horror al vacío, monotonía cotidiana, retorno (utópico) de lo perdido.

Precisamente, Cuarentena es una confluencia rica en la exploración de las múltiples dimensiones del confinamiento, donde identificamos dichos tópicos. Sin embargo, y ante todo, la dedicatoria la define como una ofrenda a los combatientes caídos, anónimos: médicos, enfermeros, policías, padres y madres de familia. Lo que nos interpela a medida que corren las páginas: ¿tú, que lees, que aún vives?, ¿cuál de estas ficciones tiene tu nombre?

PERGAMINOS, PAPIROS Y PIELES

El aislamiento involuntario fue la chispa de esta combustión dividida en tres partes: “Pergaminos”, “Papiros”, “Pieles”. Por medio de esta triple conceptuación, el tiempo parece retroceder, recuperando su desnudez primitiva. Cada parte ocupa un momento de la gradación entre palabra e imagen. “Pergaminos” encierra 25 cuentos no muy extensos, acompañados de ilustraciones.

“Papiros” impone el equilibrio: 15 microrrelatos coronan 15 ilustraciones. Con “Pieles” terminamos entre viñetas: dos historias en dramático contraste, con “Venganza” como referente perfecto del lenguaje gráfico en el cómic.

Me topé con textos intrigantes. De “Pergaminos”, recomiendo, por su profundidad emotiva, crudeza mórbida, un tratamiento deliciosamente ingenioso del tema y/o un giro argumental orgánico, los cuentos: “Valeria en cuarentena”, “Angustia”, “Eulalia”, “La góndola”, “En el aire”, “La pareja ideal”, “Cuarenta Tena”, “Algobarismus”, “La billetera”, “El cuadro”, “La protagonista”, “Penumbra” y “Ofelia”.

Disfruté sobremanera con la lectura del desconcertante (a lo que agrego onírico, incluso patológico) “Algobarismus”, así como con la de “El cuadro” (por esa dialéctica de conmiseración y decadencia que la sobrecarga) y con “Ofelia” (texto enigmático).

“La pareja ideal” debo situarla aparte. Fue un ventarrón de mundanidad socarrona, picante, y por esto la juzgo imprescindible. Como anécdota, “Cuarenta Tena” despertó en mí el impulso de zurrarme en la villana del relato; no llegó a más, puesto que la noche viene y va, y quedaba aún libro por andar.

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2021-03-31 11:04:26

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